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Cultura emprendedora, un reto al desarrollo

 

Gabriela Torres de Marín*

 

Es urgencia del mundo complejo y globalizado de hoy, concentrar la educación en la creación de alta inteligencia como combinación de intelecto, emoción y  espíritu, para estar en capacidad de enfrentar los retos del presente siglo,  como lo expresa  la agenda de  UNESCO para la Educación  siglo XXI.

 

Animar y formar la juventud para el emprendimiento es un reto inaplazable; en un excelente análisis sobre la responsabilidad social de las Universidades Latinoamericanas para la Cultura Emprendedora Regional, el profesor Mario Dether (2001) anota:  "el impulso con que algunos toman coraje de ser emprendedor resulta vital para la salud cultural y económica de la comunidad donde viven o para la organización en la que trabajan" y afirma que los emprendedores tienen formas diferentes de comprender lo que sucede  en su entorno y se comportan en consecuencia de forma diferente a como lo hacen quienes no lo son.

 

Bajo esta comprensión, el reto es doble: 1.  Para la Educación, proceso en el cual nos hemos dedicado demasiado a la transmisión de conocimiento, sin desarrollar las capacidades para la transformación social y regional; ella desde su enfoque y su intencionalidad debe reorientar la formación de las nuevas generaciones creando suelo propicio para el cultivo de sus ideas e iniciativas innovadoras, constituyéndose en agente principal de animación de la cultura emprendedora.  Las IES públicas y privadas están en premura de desarrollar programas integrales con los que se enriquezca la formación profesional con vocación emprendedora para la armonización entre los intereses y vocaciones individuales con formas eficaces de identificar oportunidades y aprovechar recursos disponibles en el desarrollo de ideas compatibles con los intereses de sus respectivas comunidades, ideas significativas para el emprendedor y para su entorno.

 

2. Para el Estado y la sociedad en general desde su responsabilidad  para crear las condiciones de entorno económico y cultural que posibiliten el emprendimiento en todos los ámbitos; partiendo de que éste no va ligado solamente a la idea de negocio lucrativo, ni solamente al autoempleo y  satisfacción de necesidades económicas personales pues, "en el siglo XXI,  el emprendedor no es un simple sujeto comercial porque su rol más importante es ser un agente de cambio cuyo eje no está colocado en la acumulación de beneficios económicos, la nueva empresa posee una naturaleza diferente de la empresa experta cuya función comercial está supeditada a la de ser un factor para el desarrollo social cuyo eje no es la cultura del poder". (Dether 2001).  Las políticas gubernamentales son determinantes fundamentales para crear oportunidades mediante decisiones que promuevan ventajas para alentar el surgimiento de nuevos esfuerzos emprendedores en sectores económicos estratégicos para el desarrollo regional y nacional.

 

El Plan Estratégico de Antioquia, PLANEA promueve con gran acierto esta iniciativa y con ella le apuesta al mejor futuro de nuestra región y sus gentes, consecuente con la idea de que  "La actividad emprendedora es la gestión del cambio radical y discontinuo, o renovación estratégica, sin importar si esta renovación estratégica ocurre adentro o afuera de organizaciones existentes, y sin importar si esta renovación da lugar, o no, a la creación de una nueva entidad de negocios" (Kundel 1991).

 

*Centro de Desarrollo Empresarial –CDE/UPB